7/21/2014

La Nube





Una vez, por mi trabajo, fui a un evento en la cámara de comercio, era sobre las ventajas de la nube, de almacenar la información de las empresas en la nube. El evento era todo el día, llevé mi cuaderno de dibujos para avanzar en un dibujo que estaba a la mitad al tiempo que oía lo que decían. A mi lado había un chico de veintitantos o quizás de treinta, era administrador de sistemas, trabajaba en una empresa y la empresa lo había mandado al evento. Cuando me vio dibujando me preguntó qué hacía yo, le hablé un poco de trabajo con Greti y le dije que tenía un blog personal donde publicaba mis cuentos e ilustraciones, dijo: yo también hacía maricaditas en los cuadernos, para pasar el rato.


Lamento que considere sus dibujos unas “maricaditas” yo si me tomo en serio a mí misma y lo que me gusta hacer, debí haberle dicho.

7/05/2014

Ampliación del campo de batalla

Un fragmento:

"Gérard Leverrier era gerente en la Asamblea Nacional, en la misma sección que Veronique (que trabajaba allí como secretaria). Gérard Leverrier tenía veintiséis años y ganaba treinta mil francos al mes. Sin embargo, Gérard Leverrier era tímido y depresivo. Un viernes de diciembre por la tarde (no tenía que volver el lunes; había cogido, un poco a su pesar, quince días de vacaciones "por las fiestas"), Gérard Leverrier regresó a su casa y se disparó una bala en la cabeza.

La noticia de su muerte no sorprendió del todo a nadie en la Asamblea Nacional; allí era conocido, sobre todo, por las dificultades que tenía para comprarse una cama. Había decidido la compra hacía meses, pero no conseguía concretar el proyecto. Por lo general, la gente contaba la anécdota con una leve sonrisa irónica; sin embargo no es cosa de risa, comprarse una cama, en nuestros días, presenta sin duda considerables dificultades, y hay motivos para llegar al suicidio. Para empezar hay que prever la entrega y por lo tanto, en general, tomarse medio día libre, con todos los problemas que eso conlleva. A veces los repartidores no aparecen, o bien no consiguen subir la cama por la escalera, y uno corre el riesgo de tener que pedir otra media jornada libre. Estas dificultades se reproducen con todos los muebles y aparatos electrodomésticos, y la acumulación de preocupaciones que se derivan de esta situación puede ya desquiciar seriamente a un ser sensible. Pero, entre todos los muebles, la cama plantea un problema especial y doloroso. Si uno no quiere perder el respeto del vendedor está obligado a comprar una cama doble, aunque no le vea la utilidad y tenga o no sitio para ponerla. Comprar una cama individual es confesar públicamente que uno no tiene vida sexual, y que no cree que la tendrá en un futuro cercano ni lejano (porque las camas, en nuestros días, duran mucho tiempo, más que el periodo de garantía; es cosa de cinco, diez, incluso veinte años; es un seria inversión, que compromete prácticamente durante el resto de la vida; las camas duran, por término medio mucho más que los matrimonios, la gente lo sabe perfectamente). Incluso si compras una cama de 140 pasas por pequeñoburgués mezquino y tacaño; a los ojos de los vendedores, la cama de 160 es la única que vale la pena comprar; y entonces mereces su respeto, su consideración, incluso una ligera sonrisa de complicidad, sólo te dan estas cosas con la cama de 160."

6/18/2014

Bordados mexicanos


Bordados mexicanos from Camila Bordamalo on Vimeo.

Me llamo Aram

En la pasada feria del libro de Bogotá tuve un hallazgo feliz: Me llamo Aram (My name is Aram) 1940, del escritor y dramaturgo armenio-estadounidense William Saroyan. Años antes había leído El joven audaz sobre el trapecio volante y había quedado fascinada, seducida por la sinceridad de sus relatos, por la curiosidad inocente e infantil del narrador. Los libros de Saroyan tienen el encanto de venir de un mundo donde no existía la tecnología (al menos no en un estado avanzado como el de ahora), un mundo lento donde todavía había tiempo para pensar y para observar, donde lo que pasaba en otros lugares del planeta era misterioso para todos. Las historias de Saroyan fueron muy populares durante los años de la Gran Depresión; él era hijo de inmigrantes armenios pobres provenientes de Turquía que llegaron al oeste de los Estados Unidos. La mayoría de los cuentos de Saroyan retratan el universo provinciano del oeste y giran en torno a sus primeros años de vida.


William Saroyan nació en Fresno, California, su padre, que tenía un viñedo y había sido educado como ministro presbiteriano, murió en 1911 a causa de una peritonitis cuando Saroyan tenía apenas tres años. William y sus hermanos fueron llevados a un orfanato. Seis años después se reunieron con la madre en Fresno. En 1921 Saroyan asiste a la escuela técnica para aprender mecanografía, pero tiene que abandonar los estudios a los 15 años, es entonces cuando su madre le muestra algunos escritos de su padre y William decide hacerse escritor. Con ingresos obtenidos penosamente en trabajos ocasionales y en su empleo más estable en la compañía de Telégrafos de San Francisco, donde trabaja como administrador, logra continuar sus estudios. Lea la entrada completa en revista corónica

5/23/2014

Dos verdades incontrovertibles


Hay cuando menos dos verdades incontrovertibles en la vida, no se me ocurren por ahora más que estas dos, quizás porque son las dos que más nos cuesta aceptar. Una es la muerte, uno sabe que se va a morir y que la gente que quiere se va a morir también, pero lo olvida lo más pronto posible. Cuando alguien conocido muere uno recuerda que todos morimos, solo que el recuerdo dura poco, uno sigue viviendo su vida como si no se fuera a morir, no asume la muerte, la ve como algo que le pasa a otros no a uno ni a los de uno, la ve, en el mejor de los casos, como algo lejano, la mayoría del tiempo ni siquiera la ve. Es algo que no nos cabe en la cabeza, que uno se muere y todo se acaba. Nos inventamos religiones que dicen que sigue algo más después, lo cual implica un enorme acto de fe, pues no es lo que vemos cuando un animal o una persona mueren y no podemos fiarnos más que de nuestros sentidos.

La otra verdad incontrovertible es que la vida es injusta, esa nos cuesta aún más trabajo aceptarla, la vida es descaradamente injusta, si esto no fuera cierto no pasarían cosas como la tragedia de los niños de Fundación, nos cuesta tanto aceptar esta verdad que inventamos el cuento de la reencarnación para justificar el que le pasen cosas espantosas a gente que no las merece, nos consolamos diciéndonos que hicieron algo malo en sus vidas pasadas y por eso les pasa lo que les pasa, nos inventamos un Dios que imparte una justicia divina en la tierra y cuando olvida impartirla aquí (muy a menudo), la imparte después en el juicio final. La injusticia tiene sus causas, pero no por eso deja de ser injusta. Uno pretende vivir su vida esquivando las injusticias, pero estará expuesto a ellas de vez en cuando, casi siempre pagan justos por pecadores. Las víctimas más inocentes suelen ser los niños, se ven sometidos a injusticias derivadas del abandono, del desamor, de la irresponsabilidad de sus padres. La gente sigue procreándose en este país subdesarrollado como si nada, sin pensarlo, todos los días nacen niños no deseados, producto de la inconsciencia y el descuido, niños que no serán amados, niños que serán maltratados y abandonados, niños que serán tratados como un estorbo, esto no parece preocuparle a nadie, cuando uno habla del control de natalidad lo miran como si estuviera cometiendo un crimen, más crimen es traer a este mundo criaturas inocentes a sufrir.

5/17/2014

El mundo después del cumpleaños

Después de leer Tenemos que hablar de Kevin quedé con ganas de leer más libros de Lionel Shriver, encontré El mundo después del cumpleaños barato en la feria del libro y al fin pude cumplir mi deseo.

Hasta ahora lo empiezo y ya sé que no me decepcionará, me alegra que sea tan largo, pues igual que en tenemos que hablar de Kevin Lionel Shriver ostenta una exactitud asombrosa a la hora de describir situaciones, pensamientos, sensaciones, sin duda alguna Lionel Shriver es la escritora más aguda y observadora de estos tiempos.

Aquí un par de fragmentos :

"Por otra parte, si en teoría creía que las mujeres modernas debían ser independientes y tener carácter y todas esas cosas, la verdad era que la pasividad de antaño podía ser un lujo. Renunciar por completo a toda responsabilidad era algo tan atractivo como dormir, y el éxtasis de rendirse ayudaba a explicar por qué, una vez al año, durante quince minutos, Irina se enamoraba de su dentista. Si el activo placer de dejarse llevar e invitar era poco habitual en los últimos tiempos y potencialmente, al menos, una costumbre en vías de extinción, tanto más embriagadora resultaba por ser retrógrada."

En este fragmento se refiere a la intensa atracción que está sintiendo Irina al lado de Ramsey, habla de la brújula moral porque Irina está casada con otro hombre.

"Por lo visto los pilotos de aviación pueden confundirse hasta el punto de no saber dónde es arriba y dónde abajo. Especialmente antes del advenimiento de los instrumentos de navegación, más de un piloto rodeado de niebla había iniciado un descenso en picado con el morro del avión apuntando al suelo, e incluso en la era actual de altímetros fiables, un aficionado puede llegar a estar tan seguro de su sentido de la orientación, que desafía a los indicadores del panel de mandos y vuela hasta estrellarse contra la casa de alguien. Cuando ya no es posible confiar en una intuición tan primitiva como dónde está arriba y dónde abajo, sin duda la brújula moral también es susceptible de sufrir una avería fatal."

5/11/2014

El humor

Hace unos días terminé Las partículas elementales de Houllebeq, he subrayado muchas frases, transcribo aquí algo que me impactó porque yo solía pensar que el humor es lo único que nos salva, pero debo aceptar hoy, después de haber leído este libro devastador que no es así, que el humor sólo nos entretiene, nada más.

"El humor no nos salva, no sirve prácticamente para nada. Uno puede enfrentarse a los acontecimientos de la vida con humor durante años, a veces muchos años, y en algunos casos puede mantener una actitud humorística casi hasta el final; pero la vida siempre nos rompe el corazón. Por mucho valor, sangre fría y humor que uno acumule a lo largo de su vida, siempre acaba con el corazón destrozado.Y entonces uno deja de reírse.  A fin de cuentas ya solo quedan la soledad, el frío y el silencio. A fin de cuentas solo queda la muerte."

Las partículas elementales. Houllebeq

5/07/2014

Tengo un amigo que me ama

En estos días me he descubierto cantando canciones que me enseñaron en la escuela cuando tenía apenas 4 o 5 años, no recuerdo las letras completas, solo los coros. Se cayó el internet en todo el sector y no pude seguir trabajando, así es que me levanté de mi escritorio y me fui a leer a Saroyan, leí un relato no más porque es tan bueno que quiero que me dure mucho. Dejé el libro en la cama, de repente me escuché cantando:

Yo tengo un amigo que me aama, me aama, me aama, yo tengo un amigo que me aama, su nombre es Jesús, ¡Jesús! Que me aama, que me aama, que me aama con su tierno amoor.

Tan pronto terminé el estribillo me reí llena de gozo, como si me hubieran contado la broma más ingeniosa de todas, la que tiene en su justa proporción crueldad, ingenuidad y absurdo. Teníamos todos 5 o 6 años, estábamos con nuestros uniformes azules y blancos, recién bañaditos, a las siete de la mañana. No podía verse más inocencia en nosotros, aún no percibíamos la refinada crueldad, la esquizofrenia que suponía formarnos en filas a las 7 de la mañana a cantarle a un tal amigo Jesús que nos amaba. Teníamos que hacer la fila bien derecha y cantar: yo tengo un amigo que me aama, me aama…

Para ser justa debo decir que es posible que esté mezclando la fila para cantar el himno nacional con la canción que cantábamos en ronda en el salón, la mezcla resulta de un perverso irresistible, así es que no me importa fallar a la verdad en tan solo un detalle. Todos cantábamos eso sin entender nada, pensando en alguna nebulosa por allá arriba, encima de nuestras cabezas. No sé qué pensaba yo a los cinco años ni cómo me las arreglaba para encajar ese episodio absurdo dentro de los demás acontecimientos del día, sospecho que lo olvidaba por completo y por eso ahora me pongo a cantar los coros así, de sopetón.

Creo que no me interesaba saber quién era Jesús, me importaba un culo si nos amaba o no, veía que podía apañármelas muy bien sin su amor, con el amor de mi mamá me bastaba, no le pedía más al mundo. Nunca hablé de Jesús con ninguno de mis compañeros, creo que, como yo, lo olvidaban al instante, total: ninguno de nosotros lo había visto. Sea como sea, cuando me descubro cantando eso siento la felicidad de la burla y río con gozo.

No les va mejor a los niños de ahora, la otra vez los vi en fila india caminando como pingüinos, su profesora estaba disfrazada de indígena y les decía que caminaran como pingüinos todo el tiempo. 

Yo me recuerdo hoy cantándole a un amigo imaginario que me amaba, estos niños se recordarán caminando en un lugar público como unos pingüinos y siguiendo a una loca vestida de lo que no es. 

Tengo un amigo que me ama, pero no se llama Jesús.


5/01/2014

Cosas de mujeres


Pertenezco a una familia pequeña, una familia de mujeres, en nuestra familia solamente hay un hombre, serio y cabal, pero ese es otro tema, hoy quiero hablar solamente de lo que espontáneamente pasa entre nosotras las mujeres de mi familia, no sé si sea algo que pase mucho entre las mujeres, supongo que sí porque nosotras las mujeres siempre hemos sido pobres, todavía hoy un hombre gana más que una mujer por hacer el mismo trabajo, supongo que también hemos sido tradicionalmente más ricas en otras cosas, pero en lo referente al dinero podría decirse que somos “tradicionalmente” pobres, esa tradición debe haber dado origen hace miles de años a redes de solidaridad entre mujeres y eso debió calar tan hondo en los genes que hoy es una cosa perfectamente espontánea, que se da por sí sola, casi sin que nos demos cuenta. 

Así se mueve entre nosotras una economía misteriosa, una suerte de transacciones que nos alegran la vida, un intercambio de pequeñas sumas milagrosas, mi mamá le regala a mi tía 100.000, mi tía le presta a mi hermana 70.000, mi hermana me presta 40.000, al otro día yo le regalo a mi mamá 60.000, a los pocos días, mi hermana le devuelve a mi tía 70.000 y le regala 30.000, mi tía me regala 50.000, yo le regalo 100 a mi mamá, mi mamá le regala 30 a mi hermana, mi tía me presta 150...después de un tiempo las deudas están saldadas, los regalos repartidos...  de ese tipo son las transacciones que se dan entre nosotras, no siempre en efectivo, a veces son regalos que suplen necesidades y/o antojos de tipo primordialmente femenino, a veces bienes de consumo cultural, la mayoría de veces artículos útiles para la vida cotidiana. 

Las sumas varían, no son siempre tan pequeñas, eso depende, claro, del devenir de nuestra economía allá afuera en el mundo, varían también las relaciones y los fines, digamos: la ejecución de los dineros. Nunca me he puesto a hacer cuentas, sé que se trata de un sistema que marcha por sí solo, es perfectamente sostenible y nos soluciona problemas a todas, no quiero escudriñar en su funcionamiento porque temo que el mágico mecanismo de nuestra economía desaparezca. Somos  una cooperativa, al final terminamos todas con la misma cantidad de dinero que teníamos antes de empezar la nueva ola transaccional, pero con nuestras necesidades suplidas, nuestros objetivos realizados. Todas ganamos siempre o quedamos con esa sensación, nuestra economía se mueve.










3/03/2014

Unos días en el campo

Mi actual improductividad literaria parece querer arrastrarme a la escritura de un diario, el diario de un/a escritor/a en crisis, y qué puede tener de interesante un diario tal. Sólo quejas, lamentos de un escritor/a que no escribe. No importa. A lo mejor la escritura de ese diario arroja algo de luz sobre las causas de mi improductividad literaria, de no existir dichas causas, de tratarse de una cuestión en la que no hay causas ni efectos entonces dicho diario podría servirme como una especie de calmante o, mejor aún, en el ejercicio que traiga la inspiración de vuelta, nunca se sabe. Lo importante, en todo caso, es detener este tren de ansiedades, aquietar la mente. Cuando uno cree en la inspiración no pierde la esperanza, puede tocar a la puerta en el momento menos pensado, nunca se sabe.

Hace unos días hablé O, que estudia creación literaria, se burló de uno de sus profesores:

_el man dice que la inspiración no existe.

El que diga que no existe es porque nunca la ha sentido, no existe para él, para nosotros sí que existe. Que la inspiración exista no quiere decir que uno no deba trabajar, pasa como con la existencia de Dios, exista o no exista toca trabajar.

Sea como sea, la inspiración hace rato que no pasa por acá, algo debió caerle terriblemente mal, temo que no vuelva a visitarme. Temo y al mismo tiempo no temo nada, me preocupa y al mismo tiempo me importa cinco ¿qué puedo hacer? ¿Buscar la forma de pasar una pequeña temporada en el campo? No sé porqué pero siempre he creído que la solución a todos los problemas consiste en ir unos días al campo, un sitio donde uno pueda ver mucho verde.