4/13/2015

Para llegar a uno mismo hay que desplazarse geográficamente




Cualquiera creería que el hecho de tener que viajar dos horas a veces para hacer alguna diligencia es un martirio. Puede que lo sea a veces, aún no lo sé, lo que si sé es que puede ser realmente bueno. El paisaje es bello en la mayor parte del trayecto, y cuando el tráfico fluye (si, a veces fluye) y hace un día soleado es muy agradable, uno se siente de paseo, y si además uno va cómodo oyendo música en su Ipod es una maravilla.




Por la noche cuando uno se devuelve, va viendo las luces por la ventana, el movimiento y el agite de la ciudad y después sólo el negro y el azul oscuro de la noche, entonces lo inunda exactamente la misma sensación, la misma disposición de su época de viajero "solitario". Es un sentimiento agradable, cierta adrenalina mezclada con alegría nostálgica. La gente que viaja conmigo cree que soy extranjera, eso contribuye a que me sienta en otro país. Llego a mi casa y me siento lejos, maravillosamente lejos, todo es silencioso y la lejanía tiene la misma tibieza de la noche, se siente uno a salvo de todo, listo para entregarse a los placeres del sueño y despertar al otro día con el canto de los pájaros y los colores de las flores.

4/10/2015

Uno de mis últimos días viviendo en la ciudad


La de historias que oí ayer cuando salía a la calle en Bogotá. Para empezar me cogió el aguacero en plena zona industrial de la ciudad, donde nada reverdece. Iba yo muy elegante porque se trataba de una diligencia laboral y me tomo en serio lo de la indumentaria. Que mi trabajo esté en la zona industrial es una de esas ironías de la vida, pero si, la editorial está emplazada entre fábricas con enormes chimeneas y por donde uno mire no ve más que moles de cemento. Mientras escampaba debajo de un puente peatonal del transmilenio con vendedores ambulantes y mensajeros y motociclistas veo que aparecen unos tuks tuks, si, en Bogotá, en medio de una tormenta de padre y señor mío, los hombres manejan esos tuks tuks en pleno aguacero cubiertos de plásticos por todo lado. Por algún desbarajuste del ánimo o quizás, por seguir un impulso provocado por el recuerdo de los tuks tuks en Tailandia (lo divertidos que eran) me subí en uno en el punto más álgido de la tormenta. La situación era muy ridícula. Cuando le dije para dónde iba el hombre me dijo: ¡pero allá cuesta 2 mil!, yo sonreí, pensé: cómo es que este hombre maneja una bicicleta en medio de esta tormenta, lleno de plásticos por todos lados…mojado hasta los cojones- porque no hay plástico que valga en los aguaceros bogotanos- y piensa que 2 mil pesos es caro. A mí no me entraba el agua pero no veía por dónde manejaba el hombre y tenía que gritar mucho para que me oyera, al fin pensé que era peligroso, podían atropellarnos. Miré por dónde iba y vi que estaba yendo por donde no era, no logré que entendiera mi sencilla indicación de “en la esquina voltee a la derecha”, no logré que me entendiera nada nunca, entonces le dije que me dejara ahí, me dejó ahí y le di los 2 mil pesos. Quedé totalmente desubicada, no sabía dónde estaba, cerca de mi destino si, pero ni idea de hacia donde debía coger, escampé un rato bajo un alero en una calle llena de tracto mulas. Lo más ridículo era mi elegancia. Después siguieron todavía una serie de transportes sin sentido que prefiero no recordar, al final llegué a donde iba, pensé si llegar así toda empapada o devolverme, pero al final dije: tener que salir otra vez con este clima maldito, no, eso no, prefiero verme ridícula frente a los oficinistas.

Para volver a mi casa tuve que aguantarme a un taxista que me decía: corazón y buscaba temas polémicos para hacerme hablar y poder maltratarme contradiciendo todo lo que yo dijera, una práctica masculina corriente en un mundo machista, intentó hablar mal de Petro pero yo no dije nada, estaba decidida a guardar silencio con tal de llegar a mi casa sana y salva, hay taxistas de taxistas, unos son francamente indeseables. Había manifestaciones en la 30 así es que tomamos otra ruta, pasamos por lugares inundados. Llegué a mi casa, aleluya.

Al anochecer fui al concierto de Ikaro Valderrama a deleitarme con esos instrumentos siberianos tan especiales que toca y a oír canciones rusas sobre el agua, los caballos, el cóndor y la naturaleza en general. De camino se subió al bus una mujer, se subió a pedir dinero, tenía un brazalete de la cárcel, contó su historia, dijo que había estado presa 15 años por matar al esposo de su hermana, de entrada su sinceridad me capturó, dijo que lo había matado porque él había violado a su hijita de cinco años. A las mujeres nos dijo: ¡pónganse pilas! Cuántas de ustedes no saben dónde están sus hijos o sus hijas ahora, hay mucho violador, yo vivo en una fundación donde ayudan a niños abusados, niños con síndrome de down, niños enfermos, hay mucho degenerado y casi siempre el abusador es un conocido, un familiar, un vecino. Y ustedes las mujeres envidiándose entre ustedes en lugar de protegerse y unirse. Miré a la mujer, era una mujer agradable, quise darle algo pero había olvidado sacar dinero, me di cuenta al tomar el bus, había dejado los billetes, llevaba solo el monedero y no había ni una moneda, acababa de pagar el pasaje con $200 menos de lo que valía, por fortuna llevaba la tarjeta, buscaría un cajero camino al concierto. Quise felicitarla, pero no me atreví y ella ni me miro, pasó muy rápido. Nunca en mi vida había visto a una mujer hablándole a otras mujeres en el transporte público, una mujer de armas tomar sin duda alguna.

El concierto estuvo fantástico. Le pregunté a Andrés si el tambor que había tocado era Lakota, me dijo que lo había hecho él con cuero de búfalo, pero que el cuero de búfalo es muy difícil de conseguir y no había encontrado más, el taxista dijo entonces que en el Magdalena Medio entierran el cuero de búfalo porque no hay quien lo compre para marroquinería porque es muy grande y las máquinas no lo procesan o no sé que cosa no hacen las máquinas, pero el hecho es que nadie quiere comprar ese cuero, se dijeron muchas cosas sobre el cuero y su manejo, pero esa parte fue solo un pretexto para que el taxista nos contara la historia de su familia. Él y su padre trabajaron varios años en el negocio del cuero, tenían un camión y se iban al Magdalena Medio a comprar cuero que era muy, pero muy barato, ese cuero lo vendían aquí caro, con un margen de ganancia bastante alto. Nos iba muy bien, dijo, pero yo digo que uno se consigue una amante y todo se daña,-por no jugar limpio, dije-, una amante es lo peor que le puede pasar a uno, mi papá se consiguió una moza y botó a la basura 30 años de matrimonio, le compró una casa a la vieja y se la amobló, no nos compro casa a nosotros, que vivíamos en arriendo y si a ella, y mi papá se arruinó, mi mamá lo descubrió y se separó de él, lo echó de la casa,- ¡bien hecho!, dije yo- claro que no fue por la casa que se arruinó porque él ganaba 60, 80 millones al mes y la casa debió costar por ahí 300, pero de todas formas le empezó a ir mal, empezó a perder plata, se fue quedando sin nada, todo eran problemas y problemas hasta que yo tuve que decir: no sabe qué papá, yo miro a ver que hago…y me fui. Fue terrible, era algo…no sé,- una mala energía instalada-dijo Andrés, -o una brujería-dije yo. Sonia y Andrés se bajaron del taxi, y el taxista y yo seguimos. Si, dijo el taxista, el caso es que mi papá se derrumbó por completo. Y qué pasó con la amante y con su papá, ¿siguen juntos? No, cuando mi mamá lo echó de la casa el pensó que la otra vieja lo iba a recibir en la casa que él le había comprado y no, la vieja no lo recibió, le dijo que se alquilara un lugar donde vivir, que ella le daba para el diario, pero que no lo recibía en la casa. Terrible, dije, ¿y su papá? Mi papá vive con mi mamá, ¡lo perdonó! yo no lo habría perdonado, le informé. Si, pero ellos tienen muchos problemas, muchos, mi papá nunca se recuperó de eso.¿ Y qué pasó con la vieja? ¿Se consiguió a alguien? Si, la vieja se metió con un tipo de San Andresito, un matón, un tipo que decían que era muy malo, un asesino, un tipo con mucha plata, y el tipo empezó a joder a mi papá, le dio una paliza tremenda y yo tuve que ponerme serio con ese man, tuve que conseguirme un revólver y decirle: usted deja en paz a mi papá o lo mato. Le dije a un primo mío, un primo que yo tenía que era jodido, uy si, era muy jodido mi primo, a él lo mataron, y quería mucho a mi papá. Mi primo le dijo al hombre que dejara en paz a mi papá, y se le metió a la casa un día, pero el man creyó que no era en serio y mi primo le tuvo que disparar, con una ametralladora- lo de la ametralladora me parece poco creíble, tal vez quería impresionarme, ¿por qué no un simple revólver?-, cuatro tiros le metió, continuó el taxista, pero el man no se murió. ¡Qué historia! parece una novela, dije. ¿Y entonces que pasó con él?, el hombre se fue degenerando y anda por allá en el cartucho, en la calle. ¡Todo lo que toca esa mujer se viene abajo! , dije, ¿y qué pasó con ella? A ella mi primo también la...le dijo que tenía que darle la casa a mi papá, pero como la casa estaba a nombre de los dos, ella demandó y le tuvo que dar la mitad, le dio plata. ¡Ah bueno, entonces no lo perdió todo al final! No, dijo el taxista, pero él había comprado la casa, ella no había puesto nada. Ella era mona, de ojos claros, muy bonita, tenía treinta años y dos hijos y se la pasaba saliendo con cuchos, mi papá tenía cincuenta y pico, por qué iba a salir con un viejo de cincuenta y tantos si no era por la plata, puede pasar que dos personas se enamoren pese a la diferencia de edad, le informé. Llegamos a la casa. Me desvestí y me acosté a dormir en seguida.

2/05/2015

Nuestra tarea por aquellos días...

Nuestra tarea por aquellos días con las emociones consistía en calentar cautamente la torta para luego, cuando ya alcanzaba cierta temperatura, meterla al congelador. Esto se repetía una y otra vez: volvíamos a sacar la torta para ver, con algo de asombro, que aún se podía calentar un poco; puede que la analogía sea más acertada con un insecto, he oído decir que si uno mete una hormiga culona al congelador y la saca a las 24 horas se descongela y camina como si nada, algo así hacíamos con nuestras emociones solo que cada vez caminaban con algo más de dificultad.

12/20/2014

Lluvia dorada



Un amigo me llamó hace un par de días a invitarme a la proyección de un documental de Nick Cave. En un tiempo oía mucho a Nick Cave and the bad seeds, tuve una caja con dos cds, una edición limitada de No more shall we part, se perdió, me la robaron en una celebración que se hizo en mi casa por ese entonces, el día de mi cumpleaños. Yo oía a Nick y cantaba sentidamente sus canciones, sobre todo no more shall we part, es probable que también se me escurrieran un par de lágrimas mientras cantaba, tenía un espíritu tormentoso. Hoy las cosas tan melancólicas me hacen reír con un poco de sorna, ya no oigo a Nick Cave. Pero el documental estuvo bien, mejor que el de David Bowie para mi gusto, aunque el primero peca de superficial y este de una gran pretensión de profundidad, en uno no aparece el artista y en el otro el artista habla todo el tiempo y uno termina un poco hastiado. El autor no logra ser más interesante que la obra, pasa lo mismo con los escritores, cuando se los conoce decepcionan, es inevitable. ¿Será que todavía hoy alguien oye a Nick Cave?

Para entrar hubo que hacer fila, -aquí nos gustan mucho las filas-, mientras esperábamos mi amigo me contó que se fue de paseo a una finca con su novia y la familia de su novia y por la noche, cuando se fue a dormir solo, no sé si solo en una habitación o solo en su cama, empezó a llover, todo estaba muy oscuro. Ahí, en la oscuridad del lecho desconocido sintió una presencia, se asustó. Convencido de que había alguien cerca lanzó su brazo al vacío y creyó tocar a una persona. ¿Quién está ahí? dijo mi amigo. Creyó oír una voz, pero era difícil distinguirla por el ruido del aguacero. Aguzó el oído y oyó agua cayendo cerca, una gotera, pensó, una gotera sobre la cama, alargó el brazo otra vez, y si, caía un chorro de agua muy cerca, lo mojó, cuando retiró el brazo palpó algo que parecía la pierna de una persona, quién está ahí, dijo mi amigo al tiempo que se levantaba y buscaba a tientas dónde encender la luz.

Cuando al fin encontró el interruptor vio al primo de su novia orinando. El hombre no tenía ni idea de lo que hacía, supongo que estaba ebrio. Tardó un tiempo en darse cuenta de la situación. Mi amigo tuvo que ducharse a las 3 de la mañana y volver a acostarse en un rinconcito para no untarse de orines. Le contó a su novia y ella le contó a la abuela y la abuela le contó a todo el mundo y así tuvieron tema de conversación para toda la estadía campestre, unos hacían bromas y otros ponían en entredicho la hombría de mi amigo diciendo que ellos en su lugar le habrían dado un puñetazo. 

Entramos a ver el documental, de pronto, casi al final muestran a un hombre en la pantalla, está orinando en el escenario, Nick Cave dice algo al respecto, no le puse atención porque recordé la historia que acababa de contarme mi amigo, sonreímos, debe haber algún mensaje detrás de todo esto, le dije. 

12/19/2014

Mi página web

Después de varios meses de trabajo terminé hoy mi página web, una selección de mis mejores fotografías, dibujos y animaciones.


10/28/2014

Crónicas de Halloween

_Me robé dos cajas de aguardiente del Oxxo y ahora voy con esta máscara para que no me reconozcan.
_Pero después de octubre no puedes seguir yendo con la máscara.
_Después no vuelvo

9/12/2014

La Palmera

Hoy pasé por una obra y un obrero gritó desde lo alto: ¿Qué pasó ahí? ¡Tráiganle una guitarra! (si supieran que nunca pude con la guitarra) Los piropos se han sofisticado mucho. Al rato un chico de colegio me dijo que parezco un árbol de tierra caliente, yo pensé en la ceiba enorme que corona Barichara y sonreí, pero podría ser que se refiriera a una palmera.



    Foto: Camila Bordamalo García

9/11/2014

Conocí al máximo jefe de la mafia


 Conocí al máximo jefe de la mafia de los encendedores, el creador del cartel. Es un hombre serio, de voz grave, no sonríe. Los hombres de la mafia nunca sonríen. Cómo empezó todo, le pregunté, se transportó a sus años de infancia, me habló de su hermana:

_Alguna vez, acosado por la sospecha, entré al cuarto de mi hermana y lo esculqué todo, mis sospechas se confirmaron, debajo del colchón escondía cientos de encendedores, no le importaba que mi madre tuviera que comprar uno nuevo cada día. Muchos encendedores, de todos los colores y tamaños. Los cogí todos y me fui al mercado negro, para mi sorpresa me dieron por ellos mucho más de lo que esperaba.

_Vaya, ¡todo empieza en la infancia!

_ Si

_¿Y qué siguió después de eso?

_Después vino la preocupación por el medio ambiente.

_ ¿En su casa hablaban de la importancia de cuidar el medio ambiente?

_Si, mi madre hablaba de eso todo el tiempo y no aceptaba bolsas plásticas en los supermercados.

_Entonces puede decirse que usted venía de una familia con cierto nivel de educación.

_No soy un mafioso cualquiera. Tengo mis ideales. En ese entonces no se reciclaba, pero yo sabía que pronto se podría reutilizar el plástico, si podía llevar el robo de encendedores a una escala mayor y revenderlos lograría reducir la producción de encendedores nuevos, la fábrica de encendedores se vería obligada a producir menos y yo ganaría mucho dinero.

_¿Y cómo lo logró? ¿Contrató ladrones de encendedores?

_ Me colé en todas las fiestas y me dediqué a observar.

_  ?

_Veía quién se robaba el encendedor. Siempre, en todos los grupos, en todas partes, hay alguien que se roba el encendedor, es una especie de ley natural de nosotros los seres gregarios, en el pasado nos costaba mucho trabajo encender el fuego y en nuestros genes aún quedan resabios de eso. Cuando podía me acercaba al ladrón, le daba una tarjeta mía, le decía que le tenía una propuesta interesante, que no tenía por qué temer y nos citábamos en un lugar público.

_ ¿Y la gente iba así no más?

_ No todos, algunos eran recelosos, pero muchos iban.

_ ¿Y cómo son los ladrones de encendedores, obedecen a una tipología bien definida?

_En algunos aspectos podría decir que si, pero también son muy diferentes unos de otros, algunos no eran conscientes de que lo hacían y perdían los encendedores robados del mismo modo que los obtenían, sin siquiera notarlo. Otros eran perfectamente conscientes, pensaban en el próximo encendedor todo el tiempo, esos tenían en común la meticulosidad, solían ser pulcros, quisquillosos, observadores fríos, personas de pocos amigos, pese a tener una vida social agitada, motivada por el afán de posesión de encendedores.

_¿Estos ladrones coleccionaban los encendedores o los vendían?

_Eran pocos los que los vendían. El robo de encendedores en ese entonces no estaba motivado por el dinero sino por la magia del fuego. 

_¿Qué les decía usted?

_Que les daría dinero por esos encendedores, si los robaban nuevos, les daría más, si estaban con el gas a la mitad les daría la mitad, si casi no tenían gas, les daría la tercera parte.

_ ¿Y qué hacía con los que no tenían gas?

_Si no eran desechables, cosa rara, los llenaba, si no los acumulaba, convencido de que en algún momento valdrían algo, podrían reciclarse, sabía que llegaría un momento en el que las fábricas de encendedores los comprarían o el momento en el que yo mismo podría reciclar el material, estaba al tanto de los avances tecnológicos en la materia.

_Era un hombre con visión medioambiental. ¿Qué pasó después?

_ El número de ladrones de encendedores que me vendían su botín fue creciendo, había de todo, desde oficinistas hasta adictos al crack.

_ ¿Quienes roban más, los hombres o las mujeres?

_ Los hombres, pero no puedo decir que se deba a algo propio del género sino más bien al hecho de que en nuestra sociedad las mujeres no tienen la misma libertad que los hombres, si un hombre puede ir a mil fiestas y robar mil encendedores, una mujer puede ir a cien, nunca tendrá las mismas oportunidades para robar encendedores, ni siquiera las prostitutas las tienen.

_Entonces empezó a crecer…

_Si, empecé a crecer y a inundar el mercado, me eché encima a los propietarios de las fábricas de encendedores, monté mi propia planta de reciclaje y monopolicé la tenencia de la materia prima en mi continente.

_Se echó encima a los chinos.

_Los chinos intentaron matarme varias veces, pero soy un hombre de buenas, siempre escapé, mis guardaespaldas son fieles y eficientes.

_Les declaró la guerra.

_Si, al que no quiso aliarse conmigo lo exterminé.

_ Y después empezaron a seguirle los pasos ¿no es así?

_Si, aparecieron aspirantes a capos de los encendedores, en otras ciudades, en otros países.

_¿Los mató a todos?

_No, no a todos, con algunos hice acuerdos.

_¿Y en qué se gasta la plata ahora que es un hombre millonario, cómo vive?

_ Tengo una reserva natural enorme, soy dueño de numerosas fuentes hídricas. Mi casa es enorme, nadie entra a mi reserva sin mi autorización. En mi casa no se oye más ruido que el de los pájaros. No me baño en la ducha, me baño todos los días en mi propio río. Hago lo que quiero cuando quiero, cuando me aburro o siento peligro cerca me voy en mi avión privado a otra de mis reservas, el negocio marcha solo.

_ ¿Es cierto que mató más de 500 personas?

_Si.

_¿ Está dispuesto a entregarse a la justicia?

_ En lugar de juzgarme deberían agradecerme, si no fuera por mí nadaríamos en encendedores, se ofenden porque viene alguien y les roba el encendedor, pero no sienten ni pizca de remordimiento cuando lo botan a la basura ¿Sabe cuánto tiempo tarda el plástico en descomponerse? Más de un siglo. ¿Qué son 200 vidas comparadas con las generaciones condenadas a la extinción de su hábitat? Les hice un favor al librarlos de mis adversarios porque todos ellos querían producir más y más encendedores sin importar el costo que eso tiene para el planeta. Además invierto toda mi fortuna en el mantenimiento de reservas naturales.

_Entonces ¿deberíamos nombrarlo presidente?

_No tengo ningún interés en un cargo así, me gusta el ocio, levantarme a la hora que quiera, hacer lo que me dé la gana en todo momento, si fuera presidente viviría estresado.

_ Yo no cargo encendedor.

_¿Se los roba?

_Tampoco, si necesito uno lo pido y lo devuelvo en seguida y cuando compro alguno lo cuido, pero termina perdiéndose tarde o temprano.

_ Mis  colaboradores son eficientes y están en todas partes. Casi que hay uno en cada casa. Somos una comunidad fuerte.

Una vez concluida la entrevista, el máximo jefe de la mafia me invitó a sobrevolar su reserva.



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